Me encantó tu reflexión. Ayer estuve ahí con mi papá. Fue su regalo de 70 porque quería que por tercera vez estuviera en un mundial en el Azteca, y especialmente en un partido de esa talla. Fuimos abiertos a cualquier resultado, pero obvio con la expectativa de la victoria. Al final nuestra reflexión fue esa: el futuro pesa más que el pasado, así que la identidad debe construirse, no adoptarse a partir de creencias. Fue una experiencia de vida con mi papá que no terminó en un país enloquecido de felicidad, sino que no terminó ni nunca va a terminar. Se queda por siempre la emoción, el nervio, la expectativa, la desilusión, la expectativa otra vez, la esperanza, la lucha colectiva, la resiliencia. Hermosa jornada de emociones que nos hacen humanos. Hermoso haberlo vivido con él. Gracias, nuevamente, por tu reflexión. Algo cambió.
Ana Cris, gracias por compartir algo tan personal.
Me quedo con una frase tuya: “el futuro pesa más que el pasado”. Creo que ahí está el corazón de todo esto.
Qué regalo haber podido vivir ese partido con tu papá. Dentro de unos años, el marcador será apenas un dato; lo que permanecerá será exactamente lo que describes: los nervios, la ilusión, la desilusión, la esperanza y el haberlo atravesado juntos. Esas son las experiencias que terminan construyendo identidad.
Creo que eso pasó también con México. El cambio no estuvo en el resultado, sino en la forma en que nos vimos a nosotros mismos. Hay derrotas que cierran historias y hay derrotas que abren futuros. Esta, para mí, fue de las segundas.
Gracias por leerme y por regalarme esta reflexión. Me recordó que, al final, la vida siempre ocurre mucho más en lo que compartimos que en el marcador.
Me encantó tu reflexión. Ayer estuve ahí con mi papá. Fue su regalo de 70 porque quería que por tercera vez estuviera en un mundial en el Azteca, y especialmente en un partido de esa talla. Fuimos abiertos a cualquier resultado, pero obvio con la expectativa de la victoria. Al final nuestra reflexión fue esa: el futuro pesa más que el pasado, así que la identidad debe construirse, no adoptarse a partir de creencias. Fue una experiencia de vida con mi papá que no terminó en un país enloquecido de felicidad, sino que no terminó ni nunca va a terminar. Se queda por siempre la emoción, el nervio, la expectativa, la desilusión, la expectativa otra vez, la esperanza, la lucha colectiva, la resiliencia. Hermosa jornada de emociones que nos hacen humanos. Hermoso haberlo vivido con él. Gracias, nuevamente, por tu reflexión. Algo cambió.
Ana Cris, gracias por compartir algo tan personal.
Me quedo con una frase tuya: “el futuro pesa más que el pasado”. Creo que ahí está el corazón de todo esto.
Qué regalo haber podido vivir ese partido con tu papá. Dentro de unos años, el marcador será apenas un dato; lo que permanecerá será exactamente lo que describes: los nervios, la ilusión, la desilusión, la esperanza y el haberlo atravesado juntos. Esas son las experiencias que terminan construyendo identidad.
Creo que eso pasó también con México. El cambio no estuvo en el resultado, sino en la forma en que nos vimos a nosotros mismos. Hay derrotas que cierran historias y hay derrotas que abren futuros. Esta, para mí, fue de las segundas.
Gracias por leerme y por regalarme esta reflexión. Me recordó que, al final, la vida siempre ocurre mucho más en lo que compartimos que en el marcador.
Uffff totalmente: el resultado es importante, pero aún más la experiencia. Abrazo Javi!!